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Bridges: Sabe quien oye y lee, pero más sabe quien vive

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La familia Bridges, testigos y actores de la historia fueguina

Carlos Gallardo afirma en su libro Los onas, publicado en 1910: Harto difícil es llegar a ponerse en contacto con el indio salvaje, porque huye del hombre civilizado al que considera como una amenaza y del cual sólo ha recibido maldades.

El ona considera como una fatalidad el que el blanco haya ido a su territorio y hoy existen algunos en la vecindad del lago Fagnano que se vanaglorian entre sus compañeros de no haber visto nunca a un hombre blanco. Sin embargo, es preciso buscar y poner­se en contacto íntimo con el salvaje si se desea conocer al hombre primitivo en la más lata acepción de esta palabra, y entre los cuales el antropólogo y el etnó­logo hallan elementos para realizar un estudio interesantísimo. Ese indio es el único que puede darnos la noción exac­ta de su modo de ser en el pasado y en el presente, pues como no tienen historia escrita y sí solo la tradición, de ahí que el investigador debe hacerlo todo por sí mismo viéndolos y oyéndolos.

El indio semicivilizado que encon­tramos en Punta Arenas, Río Grande, Dawson y Ushuaia, pocos elementos de juicio suministran al que procura co­nocerlo y estudiarlo y es el causante del error en que han incurrido algunos viajeros publicando de buena fe y como exactos informes recogidos entre estos indios que los adulteran por ignorancia ó por picardía”.

En ese sentido, los escritos de Tho­mas y de Lucas Bridges, que tratan so­bre vivencias propias desarrolladas a lo largo de décadas de convivencia di­recta con los nativos, constituyen una cantera de información de gran verosi­militud y son valorados por los espe­cialistas como los testimonios más con­fiables que se hayan publicado acerca de los pueblos originarios fueguinos.

Incluso Martin Gusinde, el autor de la obra más colosal acometida so­bre las etnias más australes, reconoce esto permanentemente en sus escritos. Además del célebre alemán, entre fines del siglo XIX hasta mediados del XX los más ilustres investigadores -Nor­denskjöld, Cook, Gallardo, Gusinde, Chapman,etcétera, en su tránsito por Tierra del Fuego, han pasado por el hogar de los Bridges recurriendo a sus servicios de guías, intérpretes y anfi­triones y dejaron asentados su gratitud y reconocimiento.

El reverendo Thomas fue el primer misionero en establecerse en forma permanente en Tierra del Fuego en 1874. Aquí formó una familia en la que la crianza de sus hijos se desa­rrolló, naturalmente, en convivencia exclusiva con los nativos, con quienes compartieron sus juegos infantiles y aventuras adolescentes.

Lucas, el hijo escritor, cuenta una salida de cacería con sus amigos selk­nam, dejando una muestra del sincretismo natural producido entre estas dos realidades culturales tan diferentes: “Mis compañeros llevaban sus aljabas de cuero de lobo marino llenas de fle­chas y yo mi Winchester y una buena provisión de municiones (…) En esta excursión, como tenía intención de lle­gar hasta la región civilizada del otro lado de la isla, cambié el cubrecabezas por una gorra más convencional y me puse una chaqueta encima de la cami­sa, aunque cubría el conjunto con la capa de piel típica de los indios. Lleva­mos también una pequeña olla y varios jarros de estaño, algunas cucharas de hierro y un poco de arroz, azúcar, café, sal y galleta.