El cazador Alexander McLennan un asesino oculto

El escocés Alexander McLennan, quien fue uno de los más temibles cazadores de nativos, llegó a Tierra del Fuego en 1895 para administrar la estancia Pri­mera Argentina del estanciero José Menéndez, con quien se unió por su pragmatismo y eficacia a la hora de tratar con la población aborigen: “Mejor meterles bala”, y así lo hizo. Su puntería con el rifle no mermaba ni bajo los efectos de grandes ingestas de alcohol. Desde su llegada lideró un sangrienta matanza contra el pueblo selknam que vivían en cercanías de las tierras de sus patrones.

“A medida que empezó a avanzar la frontera ovina, comenzaron a requerirse cada vez más tierras para terminar instalándose en el territorio selk’nam. 

Al instalarse en la zona, se divide el terreno mediante alambrados y el guanaco –principal sustento alimenticio y de abrigo de los onas– se ve arrinconado hacia tierras más altas. Una vez que el guanaco desaparece los Selk’nam empiezan a pasar hambre, con la aparición de las ovejas empiezan a alimentarse de este animal y lo entienden como algo absolutamente natural, no saben muy bien cómo han aparecido esas ovejas ahí, ni conocían el concepto de propiedad” explica el historiador José Luis Alonso Marchante. Estos importantes testimonios se encuentran contenidos en el libro Menéndez. Rey de la Patagonia (Editorial Catalonia). 

Cuando los Selk’nam empiezan a atacar a las ovejas, José Menéndez da la orden de acabar con ellos. Lo hacen primero disparándoles directamente para exterminarlos, y con las mujeres y niños se produce una cacería para después ofrecerlos en plazas públicas.

Alexander McLennan invitó a una tribu selknam a un banquete para sellar un supuesto acuerdo de paz. Du­rante el banquete, McLennan sir­vió grandes cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los nativos se habían embriagado, se alejó del lugar y ordenó a sus ayudantes a abrir fuego contra toda la tribu.

Cuando se retiró Mc Lennan, José Menéndez le regaló un carísimo reloj en agradecimiento por todos esos servicios. Por cada indígena muerto, Menéndez pagaba una libra esterlina, de modo que en la fortuna que alcanzó a tener este escocés podría incluso calcularse la cantidad de selknam asesinados y podría estimarse en varios cientos o miles.

Monseñor Fagnano lo describe de la siguiente manera: “(El Chan­cho colorado) ganó en un año, en premios por tan macabro sport, la suma de 412 esterlinas, lo que quiere decir que en un año había muerto 412 nativos. Esta deplorable hazaña fue festejada con champagne, en medio de una incalificable orgía, por algunos miembros de la compañía que brindaron por la prosperidad de la ‘Explotadora’ y por la salud del brillante tirador…” Hasta ahora, ¡sólo se ha contado algo parecido de caníbales!.

Fuente:  Fuegorevista  /  elmostrador

About The Author

You might be interested in

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *