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El presidio: La cárcel del fin del mundo

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El penal de Ushuaia fue una cárcel que funcionó  entre 1904 y 1947. La dureza de las condiciones climáticas y el aislamiento geográfico de la ciudad más austral del mundo reforzaban la seguridad del presidio, destinado a delincuentes comunes reincidentes y de la más alta peligrosidad, y empleado también a veces para detenidos políticos. Se ubica frente a la esquina de las actuales calles Yaganes y Gobernador Paz de la ciudad de Ushuaia.
El penal alcanzó a tener cinco pabellones principales, alojando más de 540 presidiarios; carecía de muro de circunvalación, estando éste suplido por un alambrado. Unas 250 personas, entre guardiacárceles y celadores, custodiaban a los penados. Hay 380 calabozos con muros de roca de 60 centímetros.

A los reclusos se les proporcionaba educación primaria, en caso de no tenerla, y una retribución por los trabajos realizados. Existían rudimentarios talleres de carpintería, herrería, imprenta, mecánica y zapatería; otros reclusos trabajaban cubriendo las necesidades de la propia población del presidio. Los que se consideraban de buena conducta trabajaban en la tala de árboles para leña, y en las últimas etapas de su funcionamiento en las obras pública para la ciudad que también estaba en construcción. Un pequeño tren que conducía hasta la actual ubicación del Parque nacional Tierra del Fuego transportaba a los reclusos. Existen archivos fotográficos en el propio museo del Presidio que dejan constancia de que hacia la década de 1920 los presos formaban una banda de música que animaba a los habitantes en los días domingo.

El penal fue uno de los principales motores de la actividad económica de la ciudad hasta que el 21 de marzo de 1947 fue clausurado por Roberto Pettinato (padre) por órdenes del presidente Juan Domingo Perón, basado nuevamente en motivos humanitarios. Los prisioneros fueron derivados hacia otras cárceles ubicadas en el sector continental de la Argentina. Luego del cierre del Presidio, tanto el predio como los edificios pertenecientes al mismo fueron entregados a la Armada Argentina que hizo del lugar una extensión de la Base Naval Ushuaia, situada inmediatamente al lado.​

Durante la dictadura de Lonardi serán detenidos los sindicalistas Andrés Framini, J. Natalini, José Espejo, Eduardo Vuletich, Hugo Di Pietro, José Alonso, así como Héctor J. Cámpora -quien años después sería elegido presidente de la Nación- junto a 2.200 dirigentes más que fueron recluidos en el penal de Ushuaia.

Como un informe de 1935 del diputado Manuel Ramírez señalaba, la ley enviaba a Ushuaia a varias clases de penados, desde criminales comunes reincidentes hasta los confinados por causas políticas.

Entre los primeros, quizás el más célebre fue Cayetano Santos Godino, apodado el Petiso Orejudo, un jovencísimo psicópata que protagonizó los primeros asesinatos en serie de la Argentina. Entre los segundos se contó el anarquista Simón Radowitzky,​ condenado a reclusión perpetua por el atentado que mató en 1909 al jefe de policía Ramón Lorenzo Falcón; evadido con la ayuda de una célula anarquista, fue capturado y regresó a prisión hasta ser indultado por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1930.

Durante los gobiernos de José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo los contingentes de obreros enviados al penal fueron numerosos, y el trato hacia los mismos particularmente brutal. El director del presidio durante esa década, Adolfo Cernadas, fue acusado de torturas en varias oportunidades. Entre los enviados a Ushuaia estuvieron los líderes radicales que protagonizaron alzamientos contra los gobernantes de la Década Infame.

 

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