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Los castores siguen arrasando los bosques nativos

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En el año 1946, trajeron a la Provincia de Tierra del Fuego desde Canadá, a 20 parejas de castores con la idea de usar su piel, pero a falta de animales depredadores, se multiplicaron y hoy se convirtieron en una gran problemática ambiental.

En un principio, las autoridades creyeron que los propios vecinos podían terminar con la especie, casarlas y vender su piel, pero no fue así ya que la mayoría solo trabajaba en las zonas más accesibles para obtener algún ingreso extra.

En Tierra del Fuego, los castores ya fueron calificados como “especie exótica invasora”. El avance no parece tener freno y se intento erradicarlos con un proyecto financiado por el Fondo Ambiental Global y por aportes de Nación y de la provincia.

En el año 2008 se crea un programa piloto que tenía como eje ocho áreas específicas, las cuales son la zona alta de Olivia y Tierra Mayor, la zona sur del Parque Nacional, una pequeña cuenca cercana a Tolhuin debajo del Heuhepen, el río Mimica en Corazón de la Isla, el Arroyo Asturiana (Estancias Rolito y Pirinaica), el río Malengüena (Estancia Rio Irigoyen y tierras fiscales) y el Arroyo Gamma en Estancia Sara. Este plan formaba parte de un acuerdo binacional entre Argentina y Chile, que tenía por objetivo erradicar a estos roedores para luego restaurar las áreas afectadas.

En el año 2016 se comenzó con un programa de capacitaciones en técnicas de caza de castores, que fue llevado adelante por expertos estadounidenses en manejo de la especie.

En un año, los cazadores habían logrado matar un millar de estos roedores y despejar gran cantidad de las zonas elegidas, aunque actualmente los castores se siguen expandiendo por fuera del territorio, causando una destrucción masiva de arboles y especies locales, amenazando todos los bosques y lagos de la Patagonia.