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La tragedia del Lear Jet en 1984

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El 15 de mayo de 1984, en las heladas aguas del Beagle desaparecía el avión Lear Jet de la Gobernación, que trasladaba al gobernador Ramón Alberto Trejo Noel, su esposa y diez de sus colaboradores.

Los relojes marcaban poco menos de las cinco de la tarde. El cielo encapotado le ponía techo a una temible tormenta de viento y nieve que adelantaba la oscuridad de la noche inminente.

Sobre las heladas aguas del canal Beagle el pequeño pero portentoso avión Lear Jet de la gobernación fueguina intentaba sobreponerse al meteoro para llegar a Ushuaia, su destino programado.

Rodolfo Pourrain, copiloto de la aeronave, enviaba un mensaje a tierra… “Estoy con el canal a la vista”. Sería su último contacto con la torre de control.

Nada más se supo del derrotero de la nave. En instantes cundió la alarma y poco a poco la noticia de la tragedia fue ganando las planas de la prensa en todo el país.

El Lear Jet se hundió en el Beagle y con él los cuerpos de sus doce ocupantes, entre ellos el Gobernador Ramón Trejo Noel y su esposa, Olga Luisa de Trejo.

Venían con ellos los ministros Roberto Luis Campanella (de Gobierno) y Fernando Diego García (de Economía). La comitiva se completaba con Ernesto Julio Löffler (legislador territorial), Ricardo Luis Sica (Secretario Privado de Trejo), Guillermo Marcilese (Secretario General de la Gobernación), Carlos Alberto Lisa (Delegado en Buenos Aires), Nora Ormiston (Asesora de Acción Social en Río Grande), Pedro Alberto Altuna (Sobreestante del Intevu) y los pilotos Mario Marconcini (Director de Aeronáutica) y Rodolfo Mario Pourrain.

Veinte años después otro radical, el legislador José Barrozo, diría de ellos que “Se habían ido no sólo los pasajeros del trágico accidente, sino que se habían ido muchas esperanzas y sueños de los fueguinos. Nos había dejado un gobernador como don Ramón Trejo Noel, que había marcado una tenaz voluntad de trabajo con un gran espíritu democrático basado en el diálogo y la solidaridad”.

Así lo recordaron por siempre no sólo sus correligionarios, sino toda una comunidad que vio en él a un luchador por el futuro. Precisamente el día en que murió, Trejo Noel venía de discutir con el entonces Presidente Raúl Alfonsín –su entrañable amigo personal- dos temas fundamentales: la provincialización de Tierra del Fuego y la extensión de la ley 19640 de Promoción Industrial.

Aquel 15 de mayo de 1984, Trejo Noel traía en su regreso muy buenas noticias, dicen. El Lear Jet volvía con la comitiva de funcionarios desde Capital Federal a Ushuaia. Cuando la aeronave estaba en zona para su aterrizaje en Río Grande, uno de los hijos del gobernador, Luis Tachi Trejo bajó con su esposa. Embarcaron en el mismo vuelo Roberto Campanella, Pedro Altuna, Ernesto J. Löffler y Norma Ormiston. La nave despegó a las 16.20 con destino a Ushuaia, a las 16.38 el copiloto avisaba que estaban a punto de comenzar el descenso. Alberto Pérez, miembro de la tripulación, operaba desde tierra dando el ok para el aterrizaje, que sería como cualquier otro.

A las 16.42 el avión estaba oficialmente en emergencia. Se había perdido todo contacto radial y el chubasco de nieve dificultaba las tareas de los torreros que intentaban en vano buscarlo en el cielo.

El “pájaro naranja” había desaparecido, llevando consigo a 12 personas y aunque las tareas de búsqueda se iniciaron de inmediato, el resultado no podía ser peor: no hubo sobrevivientes.

En cuanto las condiciones climáticas lo permitieron, comenzó una incesante búsqueda terrestre, aérea y marítima, llevada a cabo por la Armada Argentina, la Prefectura Naval, la Policía Territorial y Defensa Civil, entre otros.

Al día siguiente del accidente, un fotógrafo y buzo profesional radicado en Ushuaia, Héctor Elías Monsalve se zambulló en las heladas aguas del canal.

Monsalve, (que cuenta en su legajo con el descubrimiento del barco hundido Monte Cervantes), exploró por dos semanas, siempre azotado por la tormenta, hasta que encontró el lugar preciso, a 30 metros de profundidad, destrozado, yacía sumergido el pájaro naranja.

Los días previos, y en angustiosa tarea, se fueron hallando cuerpos, algunos de ellos a treinta metros de profundidad, aunque después del sexto día, la jefatura de la Región Aérea Sur había descartado la posibilidad de producir nuevos hallazgos. Entre los objetos rescatados se pudo contabilizar uno de significado muy especial, el maletín de Don Ramón, lleno de trámites y sueños.

(Bibliografía: archivos Museo del Fin del Mundo;Archivo diario La Nación)